¿Tenemos algo que celebrar?… yo creo que no.

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Por Renata Ávila

“Podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Entre un país sumido en la miseria, la corrupción, la impunidad y delincuencia pareciera que pensar diferente y expresarlo representa el pecado más grande que pudiéramos cometer para el actual régimen político.

Si nos llamaba la atención las analogías expresadas por Eric Arthur Blair, más conocido como George Orwell, creo que la realidad que hoy en día tenemos en México supera cualquier límite, supera cualquier Rebelión de la Granja o cualquier 1984.

Lejos recontar a los compañeros que en el cumplimiento de su deber han caído en batalla tenemos que preguntamos qué estamos haciendo hoy en día desde nuestras trincheras por la libertad de expresión, qué estamos dispuestos a arriesgar y hasta qué punto para que no muera ese derecho tan anhelado por muchos y tan odiado por otros.

“La verdad no duele pero como incomoda”. Por todos es sabido que “la historia la escriben los vencedores más no los vencidos”. En la búsqueda por la verdad siempre habrá más de una versión que describa cómo ocurrieron los hechos, hoy ya no está Stalin ni Napoleón, pero sí un Javier Duarte, un Enrique Peña Nieto y hasta un Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Si bien estamos hablando de hombres de la política nacional quizá con una ideología distinta entre ellos, sí con algo en común, su notoria intolerancia a la crítica.

El más burdo de ellos es Javier Duarte, ex gobernador del estado de Veracruz, considerado por Peña Nieto en 2012 como el ejemplo a seguir para el nuevo PRI, recién capturado en Guatemala por haber cometido una serie de delitos, entre ellos, el asesinato de por lo menos 10 periodistas.

Ricardo Monlui, Pedro Tamayo, Manuel Torres González, Anabel Flores, Juan Santos Cabrera, son solo algunos de los nombres de compañeros que ya no están con nosotros y que se presume que por haber incomodado a Javier Duarte los terminaron extinguiendo de la faz de la tierra pero no de la memoria de la humanidad.

En lo que va del sexenio de Enrique Peña Nieto, 36 periodistas han sido asesinados por realizar su labor informativa, lo que pone en evidencia la ineficacia de los diversos mecanismos para proteger la libertad de expresión y la labor periodística.

No es por nada que Reporteros Sin Fronteras (RSF) considere a nuestro país como el tercer país más peligroso para ejercer el periodismo después de Siria y Afganistán, naciones consideradas en guerra.

Llegando al tercer personaje, AMLO, de orígenes priistas (en 1983 fue presidente estatal del PRI en Tabasco) quien a partir del año 2000 comenzó a estar latente en los reflectores nacionales cuando llegó a la jefatura de gobierno del Distrito Federal por el PRD (aún y cuando del 1996 a 1999 había ocupado el cargo de presidente nacional del PRD), tras casi tres campañas presidenciales, la última efectiva coordinada por el zacatecano Ricardo Monreal, a diferencia de los otros dos políticos a quienes sí se les vincula con actos claros de represión hacía la prensa, AMLO resalta en este aspecto por su actitud intolerante a las preguntas incómodas, la última presentada con Ciro Gómez Leyva.

Como olvidar el ataque recurrente que tuvo en su momento a la forma de hacer periodismo de Televisa y TV Azteca, al también considerarlos parte de la Mafia en el Poder.

No compartir maneras de pensar no debe de ser factor de división, “el respeto al derecho ajeno es la paz”. Aunando con mi tercer ejemplo, creo que vale la pena volvernos a preguntar: ¿A qué se refería AMLO con su aberración hacia la manera de hacer periodismo de algunos?

“Nadie tiene la verdad absoluta, pero tampoco nadie está en un completo error”. En un mundo movido por los intereses y retomando “la historia la escriben los vencedores más no los vencidos”, el ejercicio de la libertad de expresión considerada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 como un derecho, no siempre ha sido tan objetiva como se presume, tan pura como debería, tan honesta como quisiéramos, con tristeza lo resalto, se ha vuelto no se si por necesidad o simple gusto, una herramienta más del sistema para el control no solo de las masas, no por nada los medios de comunicación son considerados como el cuarto poder (aunque a estas  alturas con la presencia de las redes sociales lo dudo) manejado en su mayoría por los capitalistas.

Sembrar una idea, presionar al gobierno, acabar con las carreras de los adversarios y lavar la imagen de los colegas, este cuarto poder se ha vuelto como lo dijo hace unos días la esposa del gobernador de Zacatecas “unos sicarios” pero de la información.

Yo que le puedo decir, desde hace 11 años decidí dedicarme a esta profesión aún y teniendo claro lo antes mencionado, el riesgo que se corre formando parte del gremio, aún y teniendo claro la perversidad de los intereses con la que se termina moviendo la gran mayoría de los medios de comunicación, al referirme a medios de comunicación no hablo de mis compañeros reporteros, tampoco de los editores, camarógrafos y fotógrafos a quienes valoro y respeto mucho, sino del conglomerado de capitalistas que tienen como rehén la información.

Me dirán fuera de sí, y quizá tienen un tanto de razón, pero soy una soñadora que no pierde la esperanza que desde mi trinchera, mi reducido espacio en este mundo, pueda aportar con mi trabajo un granito de arena a este mundo hacia la conciencia social.

Me aferro a la frase, “podemos no estar de acuerdo, pero daría mi vida por tu derecho a expresar tu punto de vista”.

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