El corazón del país volvió a latir.

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Por: Ángel Orozco

Ayer a las 13:12 horas, sólo 132 minutos después de efectuado el simulacro que recordara a las víctimas del terremoto del 85, una nueva tragedia sacudió al centro del país.

En la CDMX, quienes hace 32 años perdieron sus casas, familiares y amigos, revivieron el horror.

Viviendas se colapsaron, edificios de varios pisos se volvieron escombros; niños y adultos en Coapa quedaron bajo las ruinas de una escuela; puentes cedieron, bardas cejaron, el asfalto se abrió, vidrios cayeron de varios pisos hacia la calle, dónde la gente, desesperada, no podía creer lo que veían sus ojos.

En la Condesa se reportó alerta química por los grupos de rescatistas que detectaron aromas “peligrosos”.

En la Roma se podían ver los escombros, las calles acordonadas alrededor de los edificios que milagrosamente quedaron en pie, pero sufrieron graves daños estructurales.

Camino al sur, sobre Tlalpan, se podía seguir el rastro de cuantiosas grietas, postes sostenidos por los cables que antes ellos sostenían y familias que no pudieron regresar a sus hogares.

Coapa y Xochimilco son un tema especial. La CDMX no es una ciudad en su totalidad, en las periferias existen barrios relativamente nuevos y pueblos viejos. Ahí no se ven altos edificios, de hecho Xochimilco es tradicionalmente agrícola y sus casas están construidas riscos y colinas.

En esos dos lugares hasta el día de hoy no se ha normalizado el servicio eléctrico, los mercados abrieron pero todos los bienes perecederos (carnes principalmente), corren riesgo de pudrirse.

Durante todo el trayecto hacia Santa Rosa y San Gerónimo (poblados alejados y claramente empobrecidos de Xochimilco), las alertas de fuga de gas detuvieron el avance de las brigadas de ayuda, pues se pidió apagar motores.

Pero ninguna dificultad es mucha cuando hay empatía y solidaridad.

Los brigadistas comenzaron una cadena humana en pleno embotellamiento para hacer llegar los medicamentos, agua y alimentos hasta quienes los necesitaban.

Una vez en las localidades mencionadas, la más variada y multitudinaria cantidad de mexicanos comenzaron los las labores de remoción de escombros y repartición de víveres.

En Ciudad Universitaria se organizaron cantidades sorprendentes de personas rumbo a todos los puntos afectados, incluyendo Morelos.

Eran muchos los rescatistas y los paramédicos. Eran muchas las mujeres y los hombres que llegaron a ofrecer sus manos, sus casas y sus automóviles.

Formaron cuerpos de salud con médicos, enfermeros y hasta psicólogos.

Ingenieros y arquitectos; químicos y demás profesionistas hicieron lo propio.

El terremoto nos asustó a todos, pero la ayuda nos dio tranquilidad.

El corazón del país latió en dos sentidos. La tierra nos recordó el valor de la unidad, no debemos olvidarla.

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