De terremotos y elecciones

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La noche del jueves 7 de agosto del año en curso, casi en plena madrugada, tuvo lugar un sismo de 8.2 grados en la escala de Richter, cuyo epicentro fue a 133 kilómetros de Pijijiapa, Chiapas. Por la magnitud de dicho suceso natural, fue catalogado como un terremoto sólo comparable con el registrado en 1985 (de 8.1 grados en la escala de Richter), y uno de los peores en la historia de nuestro país.

La intensidad con la que sacudió al centro y sureste del país -afectando 12 entidades entre las que destacan principalmente la Ciudad de México, Chiapas, Oaxaca y Tabasco-, fueron terribles: 71 fallecidos en Oaxaca, 15 en Chiapas y 4 en Tabasco, además de que directa o indirectamente millones de personas en dichos Estados han sido afectados. Lo más dramático es que las réplicas de este sismo, reportadas por el Servicio Sismológico Nacional, hasta el domingo, habían sido 928.

Sin lugar a dudas en momentos tan sombríos y trágicos como este, debe prevalecer la unidad y la solidaridad. México es grande por su pueblo. Hoy más que nunca debemos demostrar de qué estamos hechos. Hoy más que nunca tenemos que salir adelante. Y hoy más que nunca debemos mandar la poderosa señal de que los retos son para superarse. A través de estas líneas expreso mi solidaridad y apoyo con los familiares de las víctimas. ¡Un abrazo fraterno!

Por otro lado, pero no desvinculado de ese desafortunado hecho. El sismo del pasado jueves coincidió con el inicio formal del proceso electoral 2017-2018. Suceso que también cimbrará a México, porque desde ahorita se augura la violación sistemática a la Constitución y a la normatividad electoral; un contexto social polarizado, violento e inseguro; el desacato y el desafío abierto de varios partidos a las autoridades electorales; la tibieza de los árbitros electorales; un Tribunal sesgado en sus decisiones; un sistema de controles jurídicos que refuerza la incertidumbre en los procesos electorales y fortalece los resquicios de discrecionalidad; la coacción del voto; las multas que no son proporcionales a la magnitud de las violaciones; el uso de recursos públicos; el manejo de recursos privados de dudosa procedencia; el rebase a los topes de campaña; la transmisión ilícita y reiterada, en radio y televisión, en los tiempos del Estado de propaganda ilegal y falsa; la triangulación de recursos a través de tarjetas; el uso ilegal de los datos personales; y un intenso litigio entre los partidos políticos.

Pero más allá de los cargos públicos en juego y de quién los ocupe, lo fundamental se encuentra en que se definirá el rumbo que se quiere para la Nación; cambio (con un proyecto alterno) o continuidad (perpetuando un modelo caduco y con desastrosas consecuencias para México).

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