De la zozobra a la esperanza

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Todos recordamos la “caída del sistema” en 1988, que culminó con el “triunfo” de Carlos Salinas de Gortari en la elección presidencial. Todos, igualmente, recordamos la enorme cantidad de irregularidades y los actos de corrupción que llevaron a Peña Nieto a ocupar la silla presidencial.

El descarado desfalco a la riqueza y derechos de los mexicanos que las reformas estructurales perpetraron contra el pueblo, recuerda la enorme cantidad de dinero que unos cuantos empresarios y banqueros (seguimos pagando el FOBAPROA), saquearon de la riqueza nacional durante el gobierno de Salinas, como pago de facturas.

Los sexenios de Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña, se sumieron por completo en la corrupción, el cinismo, el autoritarismo, la impunidad y el repudio nacional. Pero lo que llama más poderosamente la atención es que todos hayan sido educados con una ideología tecnócrata que a lo largo y ancho del planeta ha causado no sólo pobreza y desigualdad, sino también ignorancia, violencia, muertes y demás crímenes de Estado con tal de establecer un esquema económico, político y social que resulta incapaz de atender las demandad populares.

En México la represión y la persecución de activistas políticos, periodistas, y en general de todo aquel que se atreva a alzar la voz contra este sistema, nos ubica como uno de los países más peligroso del mundo, sin olvidar la desatada y fracasada guerra contra el crimen organizado, que nos coloca en una situación por demás inédita en la historia reciente.

Claramente esta forma de gobernar ha sido heredada y perpetuada por toda una generación de funcionarios públicos corrompidos y sin un ápice de vocación de servicio. A la cúpula de ese nefasto entramado político-económico, Andrés Manuel lo ha llamado –y con razón- la mafia del poder.

Este grupo ha hecho de la delincuencia organizada su estilo de vida y su fuente de ingresos, ordenando las modificaciones legales que sean necesarias para regularizar sus rapaces prácticas comerciales y financieras, todo en detrimento de la calidad de vida y los derechos de la clase trabajadora.

Pese a los modestos esfuerzos y los pequeños pasos que se dan en el combate a la corrupción, nuestro país sigue encabezando las vergonzosas listas de los países más corruptos de América y del mundo.

Sin embargo, también ha quedado claro que la organización ciudadana es la única con la suficiente fuerza para transformar la realidad y recobrar la grandeza nacional: ciudadanizar las corrompidas instituciones, fomentar una cultura de legalidad y justicia, legitimar el ejercicio del poder público y llevarnos al camino del verdadero desarrollo.

Para ello debemos enfrentar con valentía al autoritarismo, dotar de confianza al desprestigiado órgano electoral, convencer con honestidad a nuestros decepcionados compañeros de clase y ser el cambio que soñamos para México.

Este 2018 reflexiona y actúa; el país te necesita.

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