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18 de marzo, desmemoria colectiva en los libros de texto

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Los libros de texto oficiales que se estudian en la educación básica, nos han hecho pensar en diversos momentos de la historia mundial y nacional como una sucesión de acontecimientos, producto de la voluntad individual de personajes mitificados, los cuales más que encarnar las aspiraciones populares,  suprimen la acción colectiva de los pueblos por construir su propio futuro.

Aun cuando, acontecimientos de gran envergadura que han trascendido y  permanecido en la identidad de los mexicanos hasta nuestros días, como la expropiación del petróleo, fueron resultado de la lucha social, activa y protagónica de una gran masa de trabajadores, estos apenas aparecen mencionados en las páginas de la historia que muestra el currículo promovido por la Reforma Educativa, en sólo cuatro líneas del libro de historia de 5º grado de primaria para ser más precisos.

Para escritores críticos y  más serios, experimentados en la elaboración de libros de texto de historia, como Enrique Ávila, la nacionalización de las empresas petroleras no se podría explicar sin  la participación de los obreros de este sector, quienes fundan en 1935 el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) para unificar las luchas regionales y sectoriales que  ya se gestaban con anterioridad en diversos puntos del país contra los abusos, sobre todo, de las compañías extranjeras.

Fueron las enérgicas protestas organizadas y encabezadas en 1936 por el STPRM, demandando mejoras salariales y el establecimiento de un contrato colectivo, las que detonaron una lucha de clases abierta entre los intereses nacionales y los de las potencias económicas del capitalismo mundial, entre los derechos vitales de los obreros y las cuantiosas ganancias obtenidas por los empresarios petroleros a costa de nuestros recursos energéticos, pero también de la fuerza viva de los trabajadores mexicanos.

La rotunda negación de las compañías  para solventar las justas demandas de los obreros hizo estallar la huelga de la industria petrolera en mayo de 1937, la cual provocó  un  desabasto de  gasolina generalizado por cerca de 12 días; no obstante, contó con un gran apoyo y aceptación del pueblo mexicano, así como de los trabajadores de otros sectores.

Vino la intervención del gobierno cardenista para mediar en el conflicto, realizando un peritaje sobre la solvencia de las empresas petroleras para pagar 40 millones de pesos a los obreros y les fue favorable a los trabajadores, pero la insistente negación de los empresarios provocó un nuevo paro de labores en diciembre de ese mismo año. Pronto el caso fue resuelto ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación quien determinó que se debía pagar 26 millones de pesos a los obreros petroleros, aumentar su salario y mejorar sus condiciones laborales, teniendo como fecha límite para acatar las resoluciones el 7 de marzo de 1938, y esto obviamente no lo respetaron.

El 18 de marzo y la nacionalización de la industria del petróleo, es un proceso que debe ser comprendido y recordado como una decisión de estado que resultó a consecuencia de la movilización y  participación heroica  de un pueblo organizado en lucha por sus derechos y la soberanía nacional; no fue la actitud loable de alguien en particular, por lo tanto no debe ser celebrado en actos protocolarios que hacen culto a la personalidad.

No se trata de demeritar la figura de Cárdenas, sino de colocar en su justa dimensión a los olvidados de la historia oficial,  cuyo relato hegemónico invadió los libros texto en educación básica y media superior, apostando por el desarme cultural de los oprimidos, la desmemorización de una clase trabajadora que ha sido protagonista en las más importantes transformaciones sociales.

En pasajes como estos, los libros de historia emanados de la Reforma Educativa pretenden inmovilizar la conciencia colectiva del pueblo mexicano, que hoy es fundamental para  detener el proceso regresivo que implica la reforma energética, con la cual se sientan las bases para el despojo de nuestros recursos naturales, de la industria energética nacional, pero también de la propiedad comunal y ejidal.

Las maestras y maestros de México,  están obligados a elevar la conciencia social,  extendiendo la protesta contra el capitalismo en los terrenos tanto del aula como de la memoria histórica. Reproducir los libros y el mismo currículo de la Reforma Educativa en cada salón de clases, no reconstruirá el potencial organizativo de las clases subalternas para desencadenar procesos de liberación nacional; por el contrario,  fragmentará la comprensión de un sujeto histórico colectivo que no tomará su lugar en la Historia como agente de trasformación social.

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